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Transferencias a cuenta de ayuda por el terremoto

11/03/2010

Transferencias a cuenta de ayuda por el terremoto

 

 Código Swift del Banco Estado de Chile es:  BECHCLRM

 Número de Cuenta:   23900054076

Nombre: Corp. Iglesia Evangélica Luterana de la República de Chile

Carné de indentidad (RUT): 72.625.500-8

Sucursal: Prat

Ciudad: Valparaíso

Nombre de Contacto: Carlos Schumann

Teléfono de Contacto: 00 56 32 2962125

→ No hay ComentariosEtiquetas: Cuenta de ayuda Terremoto de Chile Feb 2010 · IELCHI · Rev. Carlos Schumann · Terremoto Chile

Fotos de la visita a las víctimas del terremoto en la ciudad de Cauquenes (VII región).

08/03/2010

Fotos de la visita del Rev. Carlos Schumann, el Rev. Alejandro López, el Hno. Eduardo Segura y Rev. Cristian E. Rautenberg, a las víctimas del terremoto en las ciudad de Cauquenes.

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Fotos de la visita a las víctimas del terremoto en las ciudades de Curicó, Talca y Constitución

07/03/2010

Fotos de la visita del Rev. Carlos Schumann, el Rev. Alejandro López, el Hno. Eduardo Segura y Rev. Cristian E. Rautenberg, a las víctimas del terremoto en las ciudades de Curicó, Talca y Constitución.

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Un largo camino en medio del dolor y la desolación.

07/03/2010

Un largo camino en medio del dolor y la desolación. Recorriendo la zona más devastada de Santiago a Constitución.

  
Son las 21.30 hrs. en la ciudad de Chillán, VIII Región de Chile, hace media hora que comenzó el toque de queda decretado por las autoridades de modo de preservar la seguridad. Somos cuatro personas, el Rev. Carlos Schumann, el Rev. Alejandro López, el Hno. Eduardo Segura y quién escribe (Rev. Cristian E. Rautenberg)
 

Desde las 7 de la mañana de hoy, 4 de marzo, hemos hecho poco más de 700 km recorriendo varias áreas de las más castigadas por el terremoto. Ya a 60 kilómetros de Santiago de Chile se puede percibir la fuerza y daño del cataclismo. Rutas partidas, puentes caídos, casas derribadas, con daños mayores a medida que avanzamos hacia el sur. En cada casa compartimos el dolor, y el mensaje de esperanza del Evangelio con una oración, una bendición o el Folleto de CPTLN Fortaleza para tiempos difíciles. Y vaya que lo son.
 

No es posible no percibir la oportunidad misionera en casa contacto que establecimos hoy. Vida que pueden ser cambiadas por el Evangelio de Cristo. ¡Hermosa posibilidad la que nos brinda el dolor y la desesperanza!
 

La primera ciudad visitada es Curicó (VII Región), a 194 km de Santiago, con 120.000 habitantes. La imagen es imponente, son pocas las casas del centro las que no tienen ningún daño. Buscamos alguna persona, muchas casas están sin sus habitantes, el peligro de derrumbe es grande. Deseamos ponerle rostro al terremoto. Pronto los encontramos en un joven matrimonio (Ver Dejar el dolor en las manos de Dios)
 

  

Habitantes de Curicó hacen fila para recibir una ración de agua.

La segunda escala fue la ciudad de Talca (VII Región), a poco más de 250 km de Santiago, tiene unos 200.000 habitantes. Mucho más cercana al epicentro, se aprecia en un barrio cercano al centro varias casas destruidas. No sabemos en donde comenzar, por tanto estacionamos nuestro auto y charlamos con una familia que estaba fuera de su casa por miedo a los derrumbes (Ver Cuando vino la luz se les iluminó la cara). No fue necesario andar mucho para encontrar a otras familias que habían perdido todo, ya nos teníamos que ir, pero sabíamos que tendremos que volver en algún no lejano día (Ver: La cocinera hoy no vino)
 

Entre los escombros un signo de la religiosidad popular católica de Chile.

La jornada continuó encaminándonos a Constitución, una mediana ciudad con 56.000 habitantes en la costa de la VII Región. A medida que nos íbamos acercando muchos autos, camiones y camionetas salían de la ciudad cargados con muebles, colchones y enseres. Nos preguntamos ¿de qué huyen? A pocos kilómetros empezamos a darnos cuenta de la respuesta a nuestra pregunta. Cientos de personas pidiendo comida, pañales, agua, harina o lo que se les pudiera dar. Un escenario que se acrecentó cuánto más cerca de la ciudad estuvimos.

Una familia recibe alimentos, agua y un mensaje de aliento a la entrada de Constitución.
 

En constitución el hedor de animales muertos y restos putrefactos se mescla con el polvo de lo que fue en otro momento barro de Tsunami que arrasó con todo el sector cercano a la costa hasta un kilómetro dentro de la ciudad. Poco quedó en pié y lo que quedó de poco sirve, la mayoría debe ser derribado. Se mezclan muebles, autos, ropa, enseres domésticos y mucho más en cada cuadra y manzana. Los testimonios de las personas se repiten: ¡Hemos perdido todo! Todos son iguales en la desgracia, ricos y pobres, el agua del tsunami no respetó la casa y la vida de nadie. De ello hablan los más de 300 muertos y varios desparecidos.

 

El Rev. Carlos Schumann señala los efectos del agua del tsunami. Al lado un auto destruido.

 Unos jóvenes nos dijeron que Dios estaba bastante lejos de ellos, pero varios más que necesitaban del aliento que solo Dios puede dar. Conversamos con varias familias, escuchamos sus palabras y prometimos volver. Compartimos los pocos alimentos que pudimos llevar (algo de leche, cereal y otras cosas).


Diario de vida, el amor de dos jóvenes, una historia que de la que no sabemos el fin.
 

Nos vamos de Constitución hacia Chillán, son varias horas de viaje por el estado de las rutas. Los sentimientos que tenemos son muchos, pero predomina la impresión de que Dios nos está usando para muchas personas conozcan que Cristo los ama de una manera especial y única, tanto que entregó su vida y ahora ellos pueden tener una nueva oportunidad.
 

Mañana continuaremos la jornada, otras historias de vida nos esperan. Dios nos cuide y guíe.
 

Rev. Cristian E. Rautenberg
 

Una bandera Chilena flamea en el lugar en donde hubo una casa antes del tsunami.

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La cocinera hoy no vino (Berladina Salgado)

06/03/2010

La Señora Berladina Salgado llegó unos minutos más tarde que nosotros a su hogar destruido. Nos hizo detener ante los restos de su casa dos pequeñas carpas levantadas en la vereda. Venía de la escuela que está destinada para dar alimento a las familias afectadas de su barrio. Este día no habría almuerzo ya que la cocinera no llegó para prepararlos. Sus lágrimas corrían por sus acaloradas mejillas cuando decía que se sentía denigrada (rebajada en su dignidad humana). Pero rápidamente las secó. Su hijo pequeño Matías de 8 años acababa de aparecer en escena y no quería que la viera llorando. Nos cuenta que la empresa en la que trabajaba quedó destruida por lo que perdió su trabajo y que no iba a pedirles ninguna ayuda a sus jefes porque ellos también habían perdido todo.
 
Nos invita a pasar a las ruinas de su casa. Allí viven aún su esposo Gonzalo que trabaja como guardia en una empresa en Santiago, Nicolás de 14 años, Matías de 8, Juan el padre de Gonzalo de 67 años y la tía Teresa de 66 años lisiada de sus piernas. Están agradecidos a Dios por haberles conservado su vida. Lo material se puede arreglar, dicen con resignación.
Habían cocinado unas tortillas y no dudaron en convidarnos una para cada uno. Aceptamos si nos daba la mitad de cada una. Compartimos con ellos algunos pocos alimentos que iluminaron sus rostros especialmente porque hoy no esperaban conseguir leche para su hijo.

Compartimos con ellos el mensaje de esperanza en medio del dolor pero ante el tamaño del desastre todo parece poco. Nos vamos porque tenemos que seguir recorriendo.  

 

Rev. Carlos Schumann, Sra. Berladina Salgado, Matías y Rev. Cristian Rautenberg  
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 Antes de irnos Berladina confiesa: AHORA HAGO UN ESFUERZO POR NO LLORAR PORQUE TENGO QUE SER FUERTE POR MIS HIJOS. NO LOS QUIERO PREOCUPAR NI DESANIMAR. PERO DENTRO DE UNOS DÍA VOY A EXPLOTAR Y VOY A NECESITAR QUE UDS. ESTÉN CONMIGO.  

  Uno desearía creer que el dolor está en las paredes y techos derrumbados. Uno sabe que el dolor está tomando forma y fuerza en el corazón de Belardina. No queremos irnos. Hay mucho por acompañar. Queremos volver cuando las lágrimas ya no se puedan contener aunque sea para llorar juntos. Queremos volver porque sabemos que tenemos el alimento para el que no hay que hacer fila. No queremos ser como la cocinera que hoy no vino.  

  

Matías, Hijo de la señora Berladina jugando entre lo que quedó de su casa 

 

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Fotos de los efectos del terremoto en Santiago

05/03/2010

A continuación se muestran unas fotos de los efectos del terremoto en Santiago:

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“No era muy linda nuestra casa pero era nuestra” (Sara Catalán)

03/03/2010

Lo único que se observa es una pila de ladrillos y unos hombres tratando de armar una pared con cosas que quedaron. La casa, o lo que quedó, es la de al lado de la anterior. La desgracia fue en este caso solidaria con  dos familias vecinas.

Nueve personas vivían en la casa de la familia de Juan Caro y Sara Catalán, quizá muchas para tan poco espacio, pero esa era su realidad, como la de muchos chilenos. Las hijas del matrimonio son Ruth, Cristal y Marcela, ésta última casada con Alejandro y madre de tres hijos: Paz (7 años), Marlene (3 años) y Yadiel (15 días).

No puedo dejar de hacerles ver que Dios fue su amparo y fortaleza, su auxilio en las tribulaciones.  Decirles que estaremos orando por ellos y que queremos hacernos parte de su dolor, compartiendo la Palabra de Dios pero también ayudándolos a que se vuelvan a levantar.

Cristian Caro, Rev. Cristian Rautenberg, Juan Caro y la Sra. Sara Catalán.

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“Estoy con mucha angustia, pero esto sirve para acercarse a Dios…”

03/03/2010

“Estoy con mucha angustia, pero esto sirve para acercarse a Dios. Tenemos que darnos cuenta de que este ha sido un remezón para darnos cuenta donde estamos parados.” (Marisol Román)

Marisol ha venido a la Misión de la Iglesia porque su hijo Matías (13 años) comenzó a prepararse para confirmación. Ella vive con su Madre María, además de Matías, en una pequeña casa de madera que no posee baño ni agua potable. Con el terremoto las uniones de la casa de abrieron, y ahora hasta con caminar se mueve toda. Tiene que rehacerla sin dudas.

Matías, el hijo de Marisol, no pierde la alegría de venir a la iglesia y a las clases de confirmación; Él ha traído a su mamá y abuela a la iglesia.

Hace pocos minutos, conversé telefónicamente con Marisol, mientras le consultaba sobre la posibilidad de utilizar su nombre empezó a temblar. Una nueva réplica se hizo sentir, fue bastante fuerte. Mañana iremos a la zona cercana al epicentro para evaluar el modo de poder ayudar a quienes estén sufriendo.

Que Dios nos guíe al igual que a Josué para guiar al pueblo hacia Cristo.

Rev. Cristian E. Rautenberg y la Sra.  María en la Casa de Marisol.

Matías en la puerta de su casa.

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“Tengo una carpa en donde estaba mi casa” (María Varas)

03/03/2010

“¡Mamá, mamá, te busca un pastor!” Uno de los gemelos, con problemas, de la Sra. María Varas, la que vive con su Hermano y sus tres hijos, pero en el mismo terreno viven su Hijo con su esposa y tres nietos.  De su casa sólo quedó el piso, allí armaron una carpa mientras esperan que la municipalidad les haga llegar una pequeña pieza de madera, la que al menos servirá mientras logren ayuda para algo definitivo.

“¿Cómo llegó acá? ¿Cómo supo de nosotros?” La respuesta es dolorosa, porque en verdad sólo hubo que seguir el rastro de los escombros que fueron sacados a la esquina para que un camión lo recogiera.  Las personas no exigen nada, solo están abiertas a recibir lo que sea. La vida, dicen, es más importante. Frente a la propuesta de ir a orar y hacer una lectura de la Biblia se muestran contentos y receptivos. Les prometí que pronto nos volveríamos a ver, de seguro con la Palabra de Dios, ojalá también con ayuda para que puedan reiniciar su vida familiar.

Rev. Cristian Rautenberg, Los Gemelos Guillermo y Matías (19 años) y la Sra. María Varas.

La Sra. María con sus nietos que viven en la parte posterior de su terreno.

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“En que puedo ayudar”

03/03/2010

“En que puedo ayudar” (Pamela Quilodrán, Santiago de Chile)

Pamela no quiere posar para la foto de rigor luego de la visita para conocer el estado de su casa. Quizá una de las explicaciones es que ella siempre había ayudado a las personas, pero ahora a ella está necesitando ayuda para su familia. A pesar de ello ofrece toda la ropa de bebé que tiene, ya que su hija no necesita tanta.

Por la mañana del lunes 1 de marzo en un contacto con la Municipalidad de La Florida, nos enteramos que en el Sector Las Lomas de la Florida, a unos 2 km de la Capilla de la Misión, había varias familias afectadas.

La Familia Huenchulao Quilodrán está formada por cinco personas. Los Padres Pamela y Rafael, sus hijos Christopher (19 años), Vanessa (16 años) y Antonella (13 meses).

La casa de material ligero tuvo que ser demolida.

(De Izq. A der.) Christopher, Rafael, Antonella y Pamela.

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Llevar esperanza en medio de la desolación

03/03/2010

“¡Sé fuerte y valiente ¡ ¡no tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará donde quiera que vayas” (Josué 1.9)

Las palabras de Dios a Josué sirven muy bien de ánimo frente al desafío que enfrentan todos los chilenos y también de modo particular la Iglesia Luterana.

Mirar al futuro desde la destrucción que apreciamos en cada esquina, desde la pérdida de los sueños y horas de trabajo es sin dudas una tarea difícil, ya que la tristeza embarca a la mayoría de las personas, que de todos modos trata de seguir adelante.

El dolor, el miedo, la sensibilidad por la pérdida de casas se junta y entremezcla con las palabras que se escuchan una y otra vez: “¡Gracias a Dios salvamos la vida!” Pero al mismo tiempo se percibe, en el desconsuelo, que ese Dios está muy lejos, quizá en la pila de escombros que sepultó las esperanzas de las personas.

Dios nos acompaña de manera especial con su gracia a nosotros por Jesucristo, y eso hace que podamos enfrentar el futuro con esperanza. Porque hay una tarea que hacer, que es reconstruir la vida, las casa, un país. Pero no puede hacerse sin la compañía de aquel que no termina, que perdura a pesar de todo y de todos. ¡Ojalá los chilenos entendamos esto! ¡No puede asumirse la vida sin Dios, sin su gracia, sin Cristo y su perdón!

Rev. Cristian Rautenberg, Santiago de Chile

Reunión de coordinación para la ayuda frente al Terremoto. De Izquierda a Derecha: Rev. Alejandro Lopez (Viña del Mar), Hno. Eduardo Segura (Quilpué), Rev. Carlos Schumann (Presidente), Hna. Marianela Bravo (Cristo Para Todas Las Naciones-Chile), Hna. Juana Fernández (Valparaíso), Rev. Augusto Riss (Valparaíso), Hno. Guiraldo Aroca (Viña del Mar), Rev. Silvio Donat (Quilpué) y Rev. Cristian Rautenberg (Santiago)

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Fe y esperanza en medio de la calamidad

03/03/2010

Salmo 46: 1-3

 Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar; 3 aunque bramen y se turben sus aguas,  y tiemblen los montes a causa de su braveza.

 Vivir situaciones extremas hace que las personas tengan conductas y actitudes que en otras circunstancias no tendrían. En este sentido es un tiempo de sorpresas tanto para actitudes buenas como malas de las cuales somos testigos en estos días post-terremoto y maremoto.  La fuerza de la naturaleza se desató una vez más y puso de manifiesto la precariedad y fragilidad de nuestra vida en este mundo. Es que nadie espera que aquello que consideramos firme, sólido y estable se mueva y altere de la manera en que lo hizo este terremoto y maremoto posterior. Muchos habremos intentado aferrarnos a algo a nuestro alrededor para no caer pero aún ese “algo” a lo que nos aferrábamos también se estaba moviendo y en algunos casos cayendo. Tal vez nos sorprendimos a nosotros mismos clamando a Dios a viva voz por protección para nuestra vida en ese momento. Es probable que hasta se nos haya pasado toda la historia de nuestra vida en segundos buscando en ella un punto de contacto con ese Dios a quien clamaba y que me diera la tranquilidad de que estaba bien, en la buena, con El.

Pasado el susto y viendo que fuimos favorecidos con el don de la vida una vez más podemos ser testigos de los llamados a tener fe y esperanza en medio de la calamidad.

Después de todo lo vivido ¿Crees realmente que Dios es tu amparo y fortaleza? ¿Crees que es tu pronto auxilio en las tribulaciones? De parte del autor de este salmo esto no tiene discusión. Es una afirmación categórica. Tan categórica es que coloca un ejemplo extremo para demostrarlo. Afirma que este cuidado, amparo y auxilio está garantizado aunque suceda lo peor, lo más terrible; y que para él no es otra cosa que la tierra tiemble al punto de ser removida y entierre las montañas en el mar y este sea tan furioso que se descontrole a tal punto y golpee con tal fuerza capaz de hacer temblar la solidez de las montañas. Es una descripción perfecta del descontrol de la naturaleza, del medio ambiente en que vivimos y se supone inamovible y que debe ser seguro para nosotros.

Tal descontrol natural vivido por nosotros ha puesto a prueba nuestra fe indudablemente. Y lo que nos toque vivir posterior a esto lo hará de una manera más profunda aún. Porque la tribulación de estos días, el miedo, la pérdida, el duelo, las necesidades imperiosas nos harán reflexionar sobre esto del “pronto” auxilio. Y la fe a la que se nos llama tener, deberá encontrar la solidez necesaria en la única cosa que no tiemble, se sacuda o sea saqueada. Deberá descansar en la Palabra de Dios que afirma que El es nuestro amparo, fortaleza y pronto auxilio. Los es porque es el único que puede solucionar todas las dudas o culpas que se vinieron a tu mente cuando todo rugía y se movía. Eso estaba descansando en tu corazón y el movimiento lo sacó a flote. Porque hoy sigues viviendo y cualquiera que haya sido tu pérdida no cambiará lo que sentiste allí.

Quiero recordarte de otro terremoto. El que sucedió cuando el Hijo de Dios murió. Estamos viviendo la época de Cuaresma que recuerda este hecho, su muerte. Cuando el Jesús clamó en la cruz “todo está listo y cumplido” hubo un fuerte terremoto que espantó a todas las personas y el día se volvió noche (Mateo 27:50-51). Allí, en ese escenario que conoces muy bien y que relacionas con la desgracia, Dios te estaba perdonando tu pecado y declarándote libre de culpa. El único muerto allí fue Jesús y no por causa del terremoto sino por haber sido clavado en la cruz por tus pecados. Allí fue sellada la paz entre Tú y Dios. Allí Jesús vino a ser tu pronto y perfecto auxilio.

El autor del texto arriba citado nos dice que Dios tiene el control de todas las cosas y ninguna calamidad puede decir lo contrario. No hay fuerza natural que haga que Dios se olvide de aquellos que creen en El. Ni siquiera la muerte, que forma parte de nuestra naturaleza, puede hacer que esto suceda. Nos dice el autor del conocido salmo 23(4) “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tu estarás conmigo; tu vara y tu callado me infundirán aliento”. El es que puede acompañarnos más allá de la vida y seguir con nosotros en la vida eterna.

Los otros auxilios vendrán quizás no tan pronto o sí. Recuperarás lo material, recordarás a los que murieron y vivirás con una cicatriz en tu alma hasta tu último día. Pero gracias al auxilio que recibiste en aquel otro terremoto tendrás alguien esperándote para enjugar tus lágrimas.

Apocalipsis 7:17  “porque el Cordero (Jesús) que está en medio del trono (el cielo) los pastoreará, y los guiará a fuentes de agua de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”

 Rev. Carlos Schumann

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