1. Skip to Menu
  2. Skip to Content
  3. Skip to Footer>

Fe y esperanza en medio de la calamidad

Monday, 10 May 2010 00:16

Salmo 46: 1-3


Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar; 3 aunque bramen y se turben sus aguas,  y tiemblen los montes a causa de su braveza.

Vivir situaciones extremas hace que las personas tengan conductas y actitudes que en otras circunstancias no tendrían. En este sentido es un tiempo de sorpresas tanto para actitudes buenas como malas de las cuales somos testigos en estos días post-terremoto y maremoto.  La fuerza de la naturaleza se desató una vez más y puso de manifiesto la precariedad y fragilidad de nuestra vida en este mundo. Es que nadie espera que aquello que consideramos firme, sólido y estable se mueva y altere de la manera en que lo hizo este terremoto y maremoto posterior. Muchos habremos intentado aferrarnos a algo a nuestro alrededor para no caer pero aún ese “algo” a lo que nos aferrábamos también se estaba moviendo y en algunos casos cayendo. Tal vez nos sorprendimos a nosotros mismos clamando a Dios a viva voz por protección para nuestra vida en ese momento. Es probable que hasta se nos haya pasado toda la historia de nuestra vida en segundos buscando en ella un punto de contacto con ese Dios a quien clamaba y que me diera la tranquilidad de que estaba bien, en la buena, con El.

Pasado el susto y viendo que fuimos favorecidos con el don de la vida una vez más podemos ser testigos de los llamados a tener fe y esperanza en medio de la calamidad.

Después de todo lo vivido ¿Crees realmente que Dios es tu amparo y fortaleza? ¿Crees que es tu pronto auxilio en las tribulaciones? De parte del autor de este salmo esto no tiene discusión. Es una afirmación categórica. Tan categórica es que coloca un ejemplo extremo para demostrarlo. Afirma que este cuidado, amparo y auxilio está garantizado aunque suceda lo peor, lo más terrible; y que para él no es otra cosa que la tierra tiemble al punto de ser removida y entierre las montañas en el mar y este sea tan furioso que se descontrole a tal punto y golpee con tal fuerza capaz de hacer temblar la solidez de las montañas. Es una descripción perfecta del descontrol de la naturaleza, del medio ambiente en que vivimos y se supone inamovible y que debe ser seguro para nosotros.

Tal descontrol natural vivido por nosotros ha puesto a prueba nuestra fe indudablemente. Y lo que nos toque vivir posterior a esto lo hará de una manera más profunda aún. Porque la tribulación de estos días, el miedo, la pérdida, el duelo, las necesidades imperiosas nos harán reflexionar sobre esto del “pronto” auxilio. Y la fe a la que se nos llama tener, deberá encontrar la solidez necesaria en la única cosa que no tiemble, se sacuda o sea saqueada. Deberá descansar en la Palabra de Dios que afirma que El es nuestro amparo, fortaleza y pronto auxilio. Los es porque es el único que puede solucionar todas las dudas o culpas que se vinieron a tu mente cuando todo rugía y se movía. Eso estaba descansando en tu corazón y el movimiento lo sacó a flote. Porque hoy sigues viviendo y cualquiera que haya sido tu pérdida no cambiará lo que sentiste allí.

Quiero recordarte de otro terremoto. El que sucedió cuando el Hijo de Dios murió. Estamos viviendo la época de Cuaresma que recuerda este hecho, su muerte. Cuando el Jesús clamó en la cruz “todo está listo y cumplido” hubo un fuerte terremoto que espantó a todas las personas y el día se volvió noche (Mateo 27:50-51). Allí, en ese escenario que conoces muy bien y que relacionas con la desgracia, Dios te estaba perdonando tu pecado y declarándote libre de culpa. El único muerto allí fue Jesús y no por causa del terremoto sino por haber sido clavado en la cruz por tus pecados. Allí fue sellada la paz entre Tú y Dios. Allí Jesús vino a ser tu pronto y perfecto auxilio.

El autor del texto arriba citado nos dice que Dios tiene el control de todas las cosas y ninguna calamidad puede decir lo contrario. No hay fuerza natural que haga que Dios se olvide de aquellos que creen en El. Ni siquiera la muerte, que forma parte de nuestra naturaleza, puede hacer que esto suceda. Nos dice el autor del conocido salmo 23(4) “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tu estarás conmigo; tu vara y tu callado me infundirán aliento”. El es que puede acompañarnos más allá de la vida y seguir con nosotros en la vida eterna.

Los otros auxilios vendrán quizás no tan pronto o sí. Recuperarás lo material, recordarás a los que murieron y vivirás con una cicatriz en tu alma hasta tu último día. Pero gracias al auxilio que recibiste en aquel otro terremoto tendrás alguien esperándote para enjugar tus lágrimas.

Apocalipsis 7:17  “porque el Cordero (Jesús) que está en medio del trono (el cielo) los pastoreará, y los guiará a fuentes de agua de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”

 

Rev. Carlos Schumann

Rev. Carlos Schumann

Add your comment

Your name:
Your email:
Comment:
 
EspañolEnglish