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SALUDO DE NAVIDAD
A pesar de lo anterior aún falta mencionar el más terrible de los golpes, el golpe que se escucha cuando los seres humanos cierran el libro de la vida, las Sagradas Escrituras, que hablan del amor de Dios, del pecado (lo que es malo), de la voluntad de Dios (lo que es bueno), del perdón y de la salvación; hablan del Evangelio de Jesús. Cuando esto sucede, estamos ad portas de todos los otros golpes.
Jesús tampoco se libró de los golpes, los que se resumen en los golpes de la cruz. Era el único camino, y aunque se cuenten como dos partes, son una misma historia; porque el pesebre de belén y la cruz del calvario son de la misma madera, como dice la profecía: Una vara saldrá del tronco de Isaí; un vástago retoñará de sus raíces (Isaías 11.1).
Como iglesia luterana también debemos recordar otros golpes, los del martillo en la puerta del Castillo de Wittenberg aquél 31 de octubre d 1517. Fue Martín Lutero el hizo resonar los golpes de la libertad por la fe que salva gratuitamente en Cristo. Son esos mismos golpes los que en cada servicio religioso (culto), en cada estudio bíblico, en cada bautismo y confirmación, en cada testimonio cristiano, en la vida cristiana hacemos sonar por gracia de Dios.
Es tiempo de Navidad, y antes que nada es tiempo de Adviento, de mirarse al espejo y darnos cuenta de que el problema está en la naturaleza humana y que la solución está en el que nace en el pesebre. Dios que nace en un lugar vacío de humanidad, tal y como a veces está el mundo y la sociedad. Donde sólo animales lo reconocieron como el Señor. Pero de eso se trata; Dios viene a vivir en medio de nuestro pesebre, porque a veces nuestra vida parece un pesebre, lleno de desorden, malos olores, vacío de personas, con sentimientos de soledad, de discriminación, de violencia. Entonces es necesario que Jesús haga de nuestra vida un pesebre. Llenándolo de su presencia que como dice el apóstol Pablo produce amor alegría, paz, paciencia, delicadeza, bondad, fidelidad, humildad y dominio proprio(Gálatas 5.22-23).
Esta es la realidad de la Navidad aún hoy, un mundo aturdido por la violencia y el egoísmo, pero que en Cristo puede aún encontrar a Dios con nosotros el Emanuel (Isaías 7.14; Mateo 1.23).
El mismo Señor aún golpea a la puerta y llama para vivir con nosotros, para ser nuestro Emanuel (Apocalipsis 3.20). Quiénes hemos sido hechos sus hijos por el bautismo y la fe en Jesucristo, tenemos el privilegio de anunciarlo, proclamarlo, vivirlo cada día no de manera solitaria sino en la comunión de la iglesia.
Que en esta Navidad el Evangelio siga golpeando en los latidos de tu corazón redimido por el Cristo que nació, pero que también murió, resucitó y ascendió por ti.
Rev. Cristian E. Rautenberg, Presidente



lindo mensaje...sin duda era suyo :) muxos saludos para su familia, un gran abrazo y bendiciones...se les extraña su presencia espero verles pronto.