Cuando en 1527 Lutero fue nombrado visitador de las iglesias por el príncipe Juan, detectó la necesidad de capacitar y formar a aquellos que estaban al frente de las diversas congregaciones ya que la mayoría siquiera sabían el padre nuestro, el credo y los diez mandamientos, como algunos de los indicadores de tal carencia. Este desconocimiento de la doctrina cristiana llevaba a las personas, incluidos sus líderes, a vivir una vida de libertinaje confundiendo la libertad del evangelio. Como poseer una Biblia era muy difícil en esa época, Lutero elaboró el catecismo menor como una forma de acercar el contenido doctrinal de las escrituras a los pastores y familias de las congregaciones luteranas.
El énfasis colocado por Lutero en la capacitación de aquellos ex sacerdotes y ahora pastores que provenían de un periodo oscuro en cuanto a los conocimientos y fundamentos doctrinales, y que comenzaban a vivir el dulce mensaje de la gracia traído a la luz por el reformador, junto a su valiente defensa de la verdad bíblica, marcaron el carácter de la iglesia luterana de los siglos venideros, dándole un celo por la sana doctrina, el estudio de las Sagradas Escrituras y su correcta interpretación, la acertada distinción entre ley y evangelio y la profunda capacitación y formación de sus pastores. Tal es así que quienes quieren desempeñar funciones de enseñanza dentro de las congregaciones luteranas deben estar precedidos de estudios teológicos y formación cristiana que garanticen la correcta enseñanza y destino de esa comunidad.
Producto de este énfasis es que nuestra iglesia ha creado seminarios e institutos teológicos en diversas partes del mundo, donde forman y capacitan a aquellos que servirán como pastores en las diferentes congregaciones. Estos seminarios e institutos por años han servido como centros de entrenamiento y de reflexión teológica prestando de esa manera un invaluable servicio a la iglesia, entregándole personas con las capacidades técnicas y espirituales para desempeñar el oficio de pastor.
Sin desechar la necesidad de la formación cada vez más profunda y completa de los que serán pastores al frente de congregaciones hoy se detecta una nueva necesidad que no deja de ser desafiante y urgente como en su momento lo fuera la labor emprendida por Lutero en la ocasión antes citada, la cual es la capacitación de los miembros de las congregaciones de la iglesia luterana en un nivel mayor al que proviene de los estudios bíblicos u otras actividades congregacionales tradicionales, un nivel que les permita desarrollar sus dones y desempeñar roles de liderazgo dentro de sus comunidades.
El énfasis puesto en la formación de pastores ha hecho que las iglesias nacionales coloquen todas sus expectativas y recursos en un determinado modelo de ministerio el cual hoy, sin duda alguna, la realidad ha demostrado que puede ser ejercido a cabalidad si cuenta con personas que estén en condiciones de asumir parte de las funciones que el mismo conlleva. Para ello se necesita contar con personas capacitadas.
La complejidad de los problemas de la sociedad moderna, sus demandas, el nivel de información al que estamos expuestos, así como otros factores adicionales, hacen que el modelo pastorcéntrico de nuestras congregaciones esté destinado al fracaso. Y el fracaso en este caso particular implica no responder a las necesidades humanas-espirituales de las personas, estancamiento y vegetatividad.
Es por eso, por convicción y necesidad, la capacitación del liderazgo congregacional es un objetivo no negociable, es una actividad que no puede ser discutida sino tan solo en el cómo debe ser implementada, en lo cual hay diversas formas y posibilidades acordes a la realidad de cada quien.
El Instituto Bíblico Luterano (IBL) de la Iglesia Luterana Confesional de Chile es una de las formas en que la iglesia busca dinamizar sus trabajos, hacer frente a los desafíos presentes y afirmar a sus congregaciones en unidad y compromiso.
El IBL surge en 1989 como respuesta a una necesidad de contar con líderes capacitados para desarrollar la misión que Jesucristo dejó a la Iglesia, apoyando a pastores o guiando congregaciones.
La idea del IBL se fue gestando a partir de la visión de los pastores Juan José Müller y Carlos Schumann (éste fue el director hasta el año 2000), de que la Iglesia Luterana en Chile, dependiente de la IELA, sea una Iglesia Nacional, es decir, que sus líderes sean chilenos, que responda a las necesidades propias del contexto y que la grey entera sea bendecida por el estudio sistemático de la Palabra de Dios.
Los objetivos propuestos para el desarrollo del mismo fueron: fortalecer a la Iglesia nacional en la doctrina bíblica, en la identidad de Iglesia luterana y en las áreas de la praxis: Evangelismo, Escuela Dominical, Liturgia, Estudio Bíblico y Predicación.
Han pasado por el IBL más de 70 alumnos y como fruto visible se formaron dos diáconos reconocidos por la Iglesia como aptos para desempeñar funciones pastorales, bajo la supervisión de la mesa directiva de la Iglesia Luterana Confesional de Chile (IELCHI).
La dinámica de las clases fue basándose en un libro guía, trabajos especiales y lectura de textos adicionales; evaluadas con exámenes periódicos, prácticas y un trabajo final escrito o práctico según la materia. Fue constante la demanda de los alumnos por nuevos cursos y mayores conocimientos.
Las limitaciones del modelo, especialmente por la realidad de que los profesores-pastores ejercían otras funciones más, como representantes legales de colegios, fueron marcando la necesidad de profundizar el proyecto y canalizarlo llamando a una persona a tiempo completo. Este avance se efectuó con el llamamiento de un pastor desde el año 2000.
El desafío desde el año 2000 ha sido y es ahondar y ampliar el modelo que desarrolló el IBL desde su surgimiento hasta la actualidad.
En el año 2006, después de 7 años, hemos formado a nuestro primer pastor nacional, con el grado académico de Bachiller en Teología.
El contexto actual de la IELCHI y de otras comunidades evangélicas, refleja la escasez de líderes capacitados en las Áreas Ministeriales y en la Doctrina Bíblica, por lo que creemos como fundamental para el desarrollo, fortalecimiento y expansión de la Iglesia, la Educación Teológica para Todos. La formación teológica de los miembros es el corazón de la Iglesia. Sin enseñanza y capacitación sobre los dones no puede haber expansión y crecimiento de la Iglesia. Por un lado, la enseñanza general y continuada que es impartida en las congregaciones, desde la infancia hasta la adultez, y por el otro, la enseñanza y capacitación específica a los líderes que manifiesten dones y talentos para las diversas áreas del Ministerio de la Palabra.